¡Hola a todos y todas!
Así como nuestro cuerpo físico necesita vitaminas y nutrientes diarios para mantenerse sano y con energía, nuestra práctica sobre la esterilla también necesita su propio «alimento».
Si venimos a clase buscando únicamente el disfrute físico o hacer un poco de «gimnasia» (bhoga), nos sentiremos bien, desde luego. Pero si lo que buscamos es que el yoga se convierta en un verdadero camino de transformación (yoga), necesitamos cultivar cinco facultades psicológicas y espirituales fundamentales.
Hoy te invito a descubrir los cinco nutrientes invisibles que transforman por completo tu práctica:
1. La fe, confianza basada en la experiencia
Aquí no hablamos de una creencia ciega en algo externo, sino de la confianza subjetiva que nace de ti mismo/a. Es la certeza, basada en lo que ya has experimentado, de que tienes la capacidad de mejorar, sanar y evolucionar cada vez que decides subirte a la esterilla.
2. El valor, la osadía de avanzar
La práctica nos pone frente a un espejo y, a veces, nos reta con posturas que nos dan respeto o con el silencio de nuestra propia mente. Se necesita determinación y coraje para enfrentar esos desafíos, superar las dudas y decirle a la mente: «Voy a intentarlo».
3. La memoria, el mapa de tus sensaciones
Para progresar de forma consciente, necesitamos una memoria alerta. No para acumular datos, sino para recordar con exactitud las sensaciones y los ajustes de las clases anteriores. Recordar cómo colocaste el pie la última vez o qué músculo se activó te ayuda a construir sobre suelo firme y a no repetir los mismos errores.
4. La absorción, estar totalmente sumergido/a
Es la capacidad de fundirte por completo con lo que estás haciendo en este preciso segundo. Que no haya diferencia entre tú y la postura. Cuando estás absorbido/a, el pasado y el futuro desaparecen: solo existís tú, tu respiración y tu cuerpo aquí y ahora.
5. La percepción consciente ininterrumpida, una atención sin parpadeos
El último nutriente es mantener una atención constante y alerta de principio a fin. Consiste en no permitir que la mente se disperse pensando en el trabajo ni que se adormezca en las posturas de suelo. Es mantener la lámpara de tu consciencia encendida durante toda la sesión.
«El cuerpo es el templo, las asanas son las oraciones, pero tu atención y tu actitud son la devoción que da sentido a la práctica.»
Tu momento de autoobservación:
En la próxima clase, fíjate en cuál de estos cinco nutrientes te resulta más fácil activar y cuál necesitas «alimentar» un poco más. ¿Te falta memoria para tus ajustes? ¿Te falta valor ante una postura exigente? Identificarlo es el primer paso para crecer.
¡Nos vemos muy pronto en la escuela para seguir nutriendo nuestro camino juntos y juntas!
Mar
