¡Hola de nuevo!

Cuando termina una clase de yoga, ¿cómo sabes si has tenido una «buena» práctica? Tendemos a pensar que si nos ha salido el equilibrio sobre un pie o si hemos llegado más abajo en un estiramiento, la clase ha sido un éxito. Pero la realidad es otra: la calidad del yoga no se mide en flexibilidad, sino en el estado de tu mente.

Para aprender a evaluar tu práctica de forma honesta, hoy os propongo analizar los tres estados energéticos en los que solemos entrar cuando nos subimos a la esterilla. ¿En cuál de ellos sueles pasar más tiempo?

1. La práctica con inercia (pesadez)

Es esa clase en la que te sientes letárgico, pesado y arrastras el cuerpo de una postura a otra. Tu mente está dormida o dispersa, y realizas los movimientos de forma automática, sin ponerle intención ni atención real. Es como si el cuerpo estuviera en la esterilla, pero tú estuvieras en otra parte.

2. La práctica con dinamismo y pasión (ego y tensión)

Este estado es el polo opuesto y es muy común. Ocurre cuando practicas impulsado por el orgullo, la ambición o el deseo de «conquistar» una postura a toda costa. Te comparas con el de al lado y te esfuerzas en exceso. Esta actitud genera una tensión muscular y mental tremenda, una agitación que bloquea la verdadera conexión con tu paz interior. No estás haciendo yoga, estás compitiendo contigo mismo.

3. La práctica con luz y equilibrio (el estado ideal)

Este es el lugar donde ocurre la magia. En este estado, todos los instrumentos de tu ser —tu mente, tus sentidos, tu inteligencia y tu consciencia— trabajan en una armonía total. No hay peleas internas, no hay prisas, no hay pereza. Toda tu energía se dirige hacia tu centro de forma fluida, y experimentas una sensación de ligereza, claridad y paz profunda.

El yoga no consiste en flexionar el cuerpo; consiste en suavizar el ego y encender la consciencia.

Tu autoexamen para la próxima clase:

La próxima vez que te encuentres sobre la esterilla, te propongo un juego de autoobservación. A mitad de la sesión, haz una pausa mental de un segundo y pregúntate: ¿Estoy practicando desde la inercia, desde la ambición de conseguir la postura, o desde la luz y el equilibrio?

No te juzgues; simplemente reconócelo, respira profundo y reajusta tu energía hacia ese tercer estado de armonía.

¡Nos vemos en clase para seguir iluminando nuestra práctica juntos y juntas!

Mar