¡Hola a todo el mundo!
A veces, cuando estamos en una postura exigente, nos concentramos tanto en mantener el equilibrio o en aguantar el esfuerzo que cerramos los ojos, apretamos los dientes y nos olvidamos del resto del cuerpo. Nos enfocamos en un solo punto y descuidamos los demás.
Hoy quiero enseñaros un truco mental para transformar vuestra práctica: el yoga no es un esfuerzo mecánico, es un análisis constante en plena acción.
Escuchar los mensajes en tiempo real
Cuando estás en un asana, tu cuerpo te está hablando continuamente. Envía mensajes sutiles a través de las fibras musculares, los nervios y los tendones. Tu trabajo en la esterilla es convertirte en una o un observador minucioso:
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¿Hay un lado del cuerpo que trabaja más que el otro?
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¿Estás tensando el cuello sin necesidad mientras estiras las piernas?
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¿Hay algún desequilibrio en este preciso instante?
Para avanzar de verdad, el secreto es transformar la concentración en meditación. Mientras que la concentración se enfoca en una sola cosa, la meditación en el asana consiste en expandir tu percepción consciente a todos los puntos del cuerpo simultáneamente. Es encender la luz en todas las habitaciones de tu casa a la vez.
Equilibrio entre lo que siente y lo que «duerme»
En cada postura hay zonas «sensibles» (las que se quejan, se estiran o duelen) y zonas «insensibles» (partes del cuerpo que se relajan de más o se olvidan, como los dedos de los pies o la parte baja de la espalda).
El verdadero alineamiento ocurre cuando llevas tu atención a esas partes dormidas y las activas. Al lograr este equilibrio entre todo tu cuerpo:
- El esfuerzo físico disminuye progresivamente.
- La práctica deja de sentirse como un trabajo pesado o una lucha contra ti misma o mismo.
- El asana se convierte en un estado de gozo, ligereza y libertad.
Cuando la inteligencia de tu mente impregna cada célula de tu cuerpo, la postura se sostiene sola.
Tu reto para la próxima clase:
Cuando entremos en una postura mantenida, no te limites a «aguantar». Haz un escáner mental completo desde los dedos de los pies hasta la coronilla. Busca qué partes se han quedado dormidas y dales vida. Verás cómo, de repente, la postura se vuelve mucho más ligera.
¡Nos vemos en la esterilla para ponerlo en práctica!
Mar
