¡Hola a todos y todas!

En las clases de yoga es muy común caer en la trampa de mirar al compañero de al lado o buscar una alineación milimétrica de revista para saber si estamos «haciendo bien» una postura (asana). Hoy quiero invitaros a cambiar por completo esa perspectiva.

Hacer bien un asana no tiene nada que ver con tocarte los pies con la cabeza o mantener un equilibrio perfecto durante minutos. Hacer bien un asana significa desarrollar una sensibilidad profunda sobre todo tu cuerpo.

La postura perfecta se siente, no se mira

Una postura está correctamente ejecutada cuando dejas de habitar solo tu mente y pasas a habitar cada rincón de tu piel. Significa que, en lugar de «colgarte» de tus articulaciones o dejar que una sola parte del cuerpo haga todo el esfuerzo, haces uso consciente de todos los grupos musculares y partes del cuerpo implicadas.

  • Si estás en una postura de pie, ¿están tus dedos de los pies activos y enraizados? ¿Está tu abdomen sosteniendo tu centro? ¿Están tus hombros relajados?

  • Hacer bien el asana es lograr que todo tu cuerpo trabaje en equipo, en una danza perfecta entre firmeza (Sthira) y comodidad (Sukha).

Y aquí viene el gran secreto: esa sensibilidad solo se desarrolla a través de la consciencia. Si haces la postura con la mente pensando en la lista de la compra, tu cuerpo estará rígido o dormido. Si pones tu atención plena en el presente, activarás la inteligencia de tus músculos.

El Reto para nuestra próxima clase: Despertar la sensibilidad

Para entrenar esta capacidad de sentir el cuerpo al máximo, os propongo el reto de despertar la sensibilidad a través de la respiración al practicar Buddhimudra Pranayama, una técnica fantástica para cultivar el discernimiento mental y la fluidez.

Seguro que os acordáis de ella: es la que realizamos en la preparación respiratoria cuando, al estar tumbados, abrazamos una pierna mientras inspiramos, haciendo subir conscientemente el aire hasta la parte alta de nuestros pulmones, y luego seguimos con la otra pierna.

¿En qué consistirá el reto en clase? Mientras realicéis la técnica de Buddhimudra Pranayama, acordaros de llevar toda vuestra atención a cómo se expande la caja torácica, cómo responde vuestra espalda al contacto con el suelo y cómo ese sutil viaje del aire transforma vuestra energía. Intentaréis tratar de sentir cómo un movimiento interno y consciente activa y mejora todo el cuerpo.

«El yoga no se trata de estirarse hacia el futuro o atrapar el pasado. El yoga es la consciencia del cuerpo en el momento presente.»

Ven a la próxima clase con una mente curiosa y abierta. ¡Vamos a aprender a escuchar a nuestro cuerpo desde dentro hacia fuera!

Y no olvidéis desarrollar la conciencia durante toda la clase, aquí sólo me he referido sólo a un momento específico.

¡Nos vemos en la esterilla!

Mar